sábado, 20 de julio de 2013

Tailandia, el país de la sonrisa (Parte 1)

Una de las aventuras menos esperadas se presentó hace un par de meses sin jamás haber soñado hacer un viaje así en este momento de mi vida, ya sea por los tiempos, por la planificación o por simplemente seguir postergando cosas. El título de este post va más allá de una descripción mundialmente conocida, es que además de esa permanente expresión en los rostros de los habitantes de Tailandia y el sólo hecho de ponerme a recordar anécdotas e imágenes de este increíble lugar me dibuja una gran sonrisa en mi rostro dejando atrás todos aquellos problemas que hoy pudiera tener en mi vida cotidiana.
Comenzaba 2013, un año largo ya pesaba sobre mis hombros y la maravillosa palabra “vacaciones” comenzaba a rebotar en mi cabeza. Pero, ¿hacia dónde partir?. La playa, el sol y el mar suenan tentadores pero siempre falta algo si dejamos de lado la cultura, las costumbres y las rutas de un nuevo lugar que vamos a conocer. Tras evaluar en primera instancia un viaje a México, a la Rivera Maya, decidimos descartarlo debido al altísimo precio del aéreo de LAN. Fue así que tras haber mantenido una conversación con mi compañero meses atrás sobre Asia, los viajeros que van a India y al resto de los países del Sudeste nos preguntamos, ¿Y por qué no viajar ahora?.

Oportunamente, AirFrance lanzó una promoción Buenos Aires – Bangkok y lo interpretamos como una señal. De esta manera, nos embarcamos en un viaje inolvidable y que todo mochilero debería hacer una vez en su vida. Es importante una buena preparación antes de viajar: vacunas, remedios y mucha lectura e información (Quisiera agradecer a Pol, del blog MundoNómada, quien fue de gran ayuda para organizar este viaje).

Partí rumbo a París por AirFrance con sensaciones encontradas, ya que jamás había conocido Europa y es un gran sueño pendiente, pero en esta oportunidad me tendría que conformar con mirar la emblemática ciudad desde los cielos. El Charles deGaulle es impactante, cuenta con trenes internos entre terminales, orden y seriedad en todos sus operadores. Luego de una breve escala y tras de casi 12 horas de viaje volvíamos a subirnos a la aeronave rumbo a Bangkok, la primera parada de la experiencia asiática.

BANGKOK, LA CIUDAD DEL PECADO

“Bangkok, uffffffffff”, esa es la primera expresión que sale de la boca de cualquier viajero que arriba a una de las ciudades más importantes de la región como Bangkok y que sirve de escala para casi cualquier destino del Sudeste asiático. Arribamos a las 6 30 am. y el impacto fue tremendo. Casi 29 de grados de calor envolvían al Aeropuerto Internacional Suvarnabhumi, sumado a infinidad de personas de distintas razas, religiones y costumbres que transitan pasarelas automáticas para recorrer enormes distancias hacia el baggage claim y las respectivas aduanas. Por suerte, no se debe tramitar visa para viajar desde Argentina sin embargo si es necesario presentar el carnet de vacunación de la fiebre amarilla, ya que Sudamérica es considerada en su mayoría como zona endémica.

Tras hacer todo lo requerido por las autoridades aeroportuarias, quienes son muy amistosos y serviciales como la mayoría de los Thais, nos dirigimos hasta la estación interna del Skytrain (ver mapa aquí) que te lleva hasta el centro de la capital de Tailandia desde donde en Taxi arribaríamos a la calle más famosa del mundo entre los mochileros, Khao San Road.

A pocos metros de Khao San se encuentra la calle Rambuttri que cuenta con unos de los mejores lugares en los que me alojado como mochilero, el Rambuttri Village Inn, uno de los pocos hoteles en la zona que cuenta con piscina en la terraza (algo que con las altísimas temperaturas de Bangkok se transforma en indispensable, junto al aire acondicionado).

 Tras una frenética llegada nos dirigimos a conocer un poco los lugares más emblemáticos de Bangkok, así que empezamos a caminar hacia la orilla del río Chao Phraya que atraviesa la ciudad de allí pasando por el museo nacional y el gran parque Sanam Luang hasta llegar al Gran Palacio. Este complejo de edificios, que sirvió como residencia oficial del rey de Tailandia desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX, es una visita obligada para cualquier viajero que pase por Bangkok. Además de ser un lugar increíble desde el punto de vista arquitectónico con obras como el Chakri Mahaprasad Hall, cuenta con el Wat Phra Kaew alberga la figura del Buda Esmeralda la imagen de buda más sagrada y venerada del país. La entrada al Gran Palacio es la más cara de todas las que pagaran en Tailandia, pero es un lugar único y bien vale la pena el esfuerzo.

Un consejo para aquellos que nunca viajaron a la región, en la temporada seca de Tailandia el calor puede ser muy complicado, por lo tanto deberán tomar los recaudos necesarios en cuanto a los horarios, hidratación y caminatas. Además, por una cuestión cultural y de respeto no se permite la entrada en shorts o musculosas a los templos por lo que siempre se debe llevar una pequeña muda en la mochila además de la cámara de fotos. Tanta caminata y horas vuelo nos llevaron a un descanso obligado para prepararnos para la noche.

Cuando hablamos de ciudad del pecado se debe a que por las noches Bangkok parece ofrecerle al turista extranjero un menú para elegir de que manera morir, pero de fiesta. Tal como lo muestra la película “Qué paso ayer? 2”, la noche Thai puede ser muy descontrolada si uno no pone límites, desde los Tuk Tuk´s (mototaxis) que ofrecen drogas en las esquinas, pasando por jóvenes con menús de shows de sexo acompañados por un descriptivo sonido emitido con la boca que emula el Ping Pong Show, algo que elegí no ver pero que se imaginan que puede salir del mix de una señorita de la noche y una pelota de ping pong.
Khao San Road de noche se transforma en verdadero caos, como lo es Tailandia durante el día. Un espacio lleno de vida, música a todo volumen, puestos de ropa falsificada y souvenirs, stands de comidas orientales y las famosas bandejas de insectos comestibles que incluyen una variedad de escorpiones, cucarachas, gusanos y otras delicatessen.  A medida que avanza el reloj la cosa se descontrola aún más y empiezan a aparecer cada vez más cerveza, las discos que se encuentran en pequeños callejones comienzan a tomar color y la fiesta se empieza a armar en las calles. Bangkok no duerme, esto ocurre todos los días de la semana y hasta altas horas de la madrugada cuando la Policía local cierra los festejos.
 
Ahora, si buscas algo más tranquilo se puede disfrutar de unos buenos cócteles y una Shisha de tabaco frutado muy bien preparada por los birmanos de la calle Rambuttri. Allí, la brisa es más fresca, la música más tranquila y la atmósfera más alejada de europeos veinteañeros. Otra de las actividades nocturnas más destacadas es la visita a los “roof top bars”, ubicados en los edificios más altos de la ciudad Ver Los 6 mejores bares y restaurantes con vistas de Bangkok. Les recomiendo el Vertigo, en el Hotel Banyan Tree para disfrutar de un mojito con las mejores vistas del lugar.
Otro paseo imperdible es conocer los barrios típicos de la ciudad. Tras un segundo día muy movido, de muchas horas de caminata y calor insoportable tomamos un taxi hacia Chinatown, el famoso barrio chino de la ciudad ideal para degustar platos en puestos callejeros. El sólo hecho de ver el comportamiento de los chinos empieza a darnos pautas de que a pesar de que para los occidentales sean todos iguales, los asiáticos son muy diferentes entre sí. El caminar por sus estrechas calles, con olores, sonidos y luces de todo tipo, es un estimulo a todo tipo de sensaciones; ver los platos que se ofrecen en los locales como sopas de aleta de tiburón, de nido de golondrina o los snacks elaborados a base de hipocampos te hace sentir muy lejos de casa.
Por otro lado, a todo viajero le atrae son las compras, ya sea de pequeños recuerdos o artículos de electrónica que jamás podríamos comprar en casa. Personalmente no encontré en Bangkok lo que buscaba, a pesar de la enorme oferta de shoppings que son una atracción turística en sí mismos, como el MBK (un centro comercial que mezcla iphones, tecnología 3d, con pescado frito y peleas de Muay Thai), los precios no me parecieron accesibles sobre todo teniendo en cuenta los impuestos a pagar al regresar a la Argentina y la posibilidad de ser engañado y que tu nuevo dispositivo de última generación no funcione.
Una última recomendación acerca de Bangkok, ¡mucho cuidado con los engaños!. A pesar de que uno lee innumerables guías, posts y consejos nadie está exento de ser timado por un tailandés. Esto puede variar desde el precio de un taxi (siempre exigir el taxímetro y no arreglar tarifas); la compra de una artículo electrónico de imitación; un paseo interminable por las calles de la ciudad en Tuk Tuk (que puede describirse como un secuestro express que lo lleva a conocer todas las tiendas de joyas y trajes de la ciudad y que sólo se termina increpando al motorista de mala manera para que los deje bajarse). Por último y la más novedosa, y de la cual fui víctima es la “buena predisposición de la gente” con los turistas que involucra una pseudomafia de "satélites" que se hacen pasar por maestros, empresarios honestos que dan consejos a quienes ven con un mapa, este grupo está dirigido por una agencia oficial de turismo del Reino de Tailandia. ¡Si, increíble pero real! Gente coordinada entre sí, que en distintos puntos de la ciudad te iba guiando hacia la trampa final de reservar hoteles, pasajes o tours en distintos puntos del país. Lo peor de todo es que el servicio terminaría siendo excelente, pero el modo de captar clientes podría llevarte a la cárcel en cualquier país del mundo occidental. El consejo es: No cambien sus planes, aunque les aseguren de que no conseguirán lo que estaban buscando. En Tailandia con dinero y regateo, todo, absolutamente todo se consigue.

Es probable que alguien que emprenda un viaje por el Sudeste asiático pase más de una vez por la capital de Tailandia, lo cual es una muy buena oportunidad para hacer lo que nos quedó pendiente ya que esta gran metrópoli nos ofrece infinidad de posibilidades para disfrutar. El hecho de ser un lugar que genera sentimientos encontrados, muchos la odian y muchos la aman, da la pauta de que es una ciudad con impronta para marcar cualquier viaje y que sin dudas debemos visitar.


AYUTTHAYA, LA ANTIGUA CAPITAL DEL REINO DEL SIAM
Esta ciudad de Tailandia fue uno de los lugares que más me impacto al llegar, es que allí residen los restos de la antigua capital del reino del Siam la cual fue saqueada y destruida por los birmanos y que hoy es uno de los conjuntos de ruinas más grandes del sudeste asiático sacando Angkor Wat en Camboya. Las ruinas de Ayyuthaya fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1991.
 
Ya en nuestro segundo día en el país partimos en una mini van desde el Victory Monument en Bangkok y tras una hora y media llegamos al lugar, allí negociamos con un Tuk Tuk para que durante 2 horas nos llevara a recorrer los principales templos, palacios, y ruinas del lugar. Los conductores de este tipo de transporte fuera de Bangkok son personas honestas y hacen que la mototaxi sea una manera económica, fresca y divertida para viajar. Así comenzamos a rodar por el gran parque que alberga todas las maravillas de Ayuttahaya ubicada dentro de una pequeña isla rodeada por agua, una visita ideal para hacer en el día ya que está a 85 km de Bangkok.
En su mayoría son ruinas de gran cantidad de años, por lo que el tema de la vestimenta no es un gran problema. Sin embargo es fundamental que los visitantes se comporten de manera respetuosa para no ofender a todas las personas que practican el budismo y que asisten al lugar con fines religiosos y no de paseo.
Los lugares más destacados son:
Wat Yai Chaya Mongkol: la estampa típica de Ayutthaya, arquitectura con forma de estupas o chedis y cientos de estatuas de buda vestidas con túnicas amarillas.
Wat Maha That: la escultura de la cabeza de buda entre las ramas de los árboles, una de las imágenes más famosas de Ayutthaya.
Viharn Phra Mongkol Bophit: una copia del Gran Palacio de Bangkok que alberga una enorme escultura de buda, de las más grandes de Tailandia.
Wat Lokayasutharam: una inmensa escultura de un buda reclinado al estilo Wat Pho, el buda reclinado de la ciudad de Bangkok.

Wat Ratchaburana: el monumento a la lucha por el trono del reino de Siam, levantado en el mismo lugar donde murieron sus contendientes.

Wat Phra Si Sanphet: imponentes estupas o chedis que contienen las cenizas de varios reyes de Siam.
Sin dudas, Ayyuthaya es una oportunidad única para sumergirse en la cultura y la historia de Tailandia sobre todo para aquellos que no visiten la parte norte del país. Allí uno puede apreciar la importancia y que para sus habitantes la cultura local más allá de la religión, sino basándose en el respeto y la libertad de cada persona.
Tras intensas horas de caminata y recorrido regresamos felices a Bangkok directo a la pileta ubicada en la terraza del hotel para relajarse con un atardecer espléndido sobre una de las urbes más congestionadas del mundo pero que después de todo termina teniendo un encanto especial para cada viajero que por allí transita.
Esta fue la primera parte de una gran aventura que recién comienza. Hacé click aquí para ver las segunda parte de Tailandia, el país de la sonrisa, una nueva entrega con todo lo vivido en el norte del país: Chiang Mai, Chiang Rai y el Mae Ho Song,

domingo, 14 de octubre de 2012

Cuba, la revolución que no termina (Parte 2)

Santiago de Cuba y Santa Clara
Habíamos superado la primera etapa del viaje y estábamos listos para dirigirnos a la ciudad más importante del sur de la isla, Santiago de Cuba. Sin embargo, hicimos una breve parada en las hermosas playas de Gaurdalavaca, Holguín. Allí, nos alojamos una noche para disfrutar del último hotel sobre el mar con todas las comodidades. Como les anuncie en la primera parte de este post fue una sorpresa ver la cantidad de cubanos que se alojaban en el hotel con sus familias y es que todos ellos son ciudadanos oficialistas a quienes el estado premia por su lealtad con este tipo de beneficios. Cabe destacar un episodio vivido en Guardalavaca, donde un hombre de unos 50 años se acercó a contarnos la situación en que él  y su familia vivían en Cuba. De profesión médico, nos aseguró que era muy difícil vivir en el país, que su salario era muy bajo y que no existía libertad. A los pocos minutos no señaló a una persona de uniforme, que desde un risco observaba atentamente la charla y el mismo nos aseguró: “Ahora cuando me retire, ese oficial me va a interrogar porque estaba conversando con ustedes, de dónde los conozco y me pedirá mis papeles”. Fueron estos episodios los que me permitieron comprender cómo se vivía en Cuba, fuera del turismo.

Dimos por concluida nuestra estadía en playas cubanas para adentrarnos en la vida urbana e histórica de las grandes ciudades que marcaron la historia del lugar. Nuestra primera parada fue Santiago de Cuba, conocida como la ciudad gloriosa y revolucionaria en todo el país donde se gestó el movimiento 26 de julio liderado por Fidel Castro, que junto a Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos arribarían desde México para cambiar la historia de Cuba y marcar un punto de inflexión en el contexto político global.

Santiago fue para mí la ciudad más linda de Cuba, es el lugar donde pude conocer la cultura nacional en su versión más pura lejos de los vicios del turismo internacional, o al menos no tan contaminada por los mismos. Es impactante ver sus avenidas con grandes fuentes aguas y mansiones de principios de siglo, totalmente descuidadas y habitadas por muchas familias. Estos indicios dan cuenta de que antes de la revolución este era el principal destino para los norteamericanos adinerados o como lo llamara Castro en su momento “el prostíbulo de los yankees”.

Las calles de Santiago emanan historia, uno puede admirar el sentimiento y el orgullo de ser cubanos por parte de sus habitantes. Las pequeñas banderitas con los colores negros y rojos (del movimiento 26 de julio) en las puertas de los hogares dan cuenta de que Santiago, es uno de los lugares en donde más se siente como propia la revolución cubana. Es que la ciudad se encuentra muy cerca de la Sierra Maestra, desde donde el comando revolucionario gestó todo el proceso de cambio que de a poco avanzaría por todo el país. 

Uno de los lugares emblemáticos de la ciudad es el Cuartel Moncada, ícono del la tortura y las atrocidades del gobierno de Fulgencio Batista a quien Castro derrocaría años más tarde. Este edificio militar tuvo dos hechos que involucraron al líder cubano, el primero de ellos fue un asalto en el año 1953 que sería el inicio del proceso que culminaría con la revolución cubana de 1959. Tras el primer intento fallido, Fidel Castro se entregaría y terminaría en el exilio en México, donde conocería al médico argentino Ernesto “Che” Guevara que todavía hoy es el máximo icono de juventud revolucionaria a nivel mundial. Todos pueden visitar el Cuartel Moncada por algunos CUC´s y conocer documentos, fotografías y hasta uniformes que aún conservan manchas de sangre de  los enfrentamientos armados de la época, así como también observar que las paredes aún conservan las marcas de municiones en sus paredes para conmemorar el ataque del movimiento del 26.

Volviendo a la ciudad, por la calles de Santiago se respira Cuba. Música de salsa en todas las esquinas, mojitos y cubas libres que acompañan las alegres charlas de sus habitantes y un calor agobiante que no parece molestar a quienes ya viven acostumbrados al clima tropical. Caminar por la plaza de armas ubicada en el Parque Céspedes, visitar la casa más antigua de América al otro lado de la calle, caminar por la calle Heredia para detenerse a tomar algo fresco para combatir el calor, son sensaciones imperdibles.

En los alrededores de la ciudad existen otros atractivos a pocos minutos en auto. Uno de los más importantes es la Fortaleza del Morro, un castillo construido en lo alto de una montaña sobre el mar con el objetivo de proteger la colonia española de los ataques de distintos corsarios que recorrían los mares en buscas de riquezas. Casi todos los museos o atracciones históricas cobran para ingresar, pero además de esto no debe sorprenderles que los guías del lugar (uniformados e identificados) les pidan una colaboración extra tras brindarles una explicación personalizada.

Ya de vuelta en el hotel, nos quedaba disfrutar de nuestra última noche en Santiago donde tras una cena y algunas cervezas, observamos que grandes masas de personas se dirigían calle abajo a una especie de festejo local. Así fue que nos acercamos a la Plaza de la Juventud donde miles de jóvenes disfrutaban de buena música Salsa en vivo, es admirable como todos se comportan con alegría y no se observan disturbios ni peleas de ningún tipo. Y cuando los locales te identifican como extranjero la mayoría te observa o se acerca amistosamente a conversar con uno y preguntarte de venís, como es tu país, como son las mujeres, etc.

Al día siguiente partíamos de vuelta rumbo al norte, no esperaban más de 1000 km en la ruta ya que debíamos llegar a La Habana por la noche, pero antes pasar por la ciudad donde descansas los restos del “Che”, Santa Clara. Tras un largo recorrido en auto, sin aire acondicionado (ya que dejó de funcionar en el medio del viaje), nos adentramos en la famosa ciudad. Imágenes del mítico guerrillero inundan las paredes con mensajes de inspiración, lucha y orgullo nacional. Es que Guevara se transformó en un mártir para Cuba, cuando fue asesinado en la selva boliviana al intentar llevar la revolución más allá de las fronteras tropicales. Para Castro es el ejemplo del Che, el que todos debemos seguir y principalmente los jóvenes.

En primer lugar nos acercamos  al museo del tren blindado, aquel cuyo descarrilamiento y derrota por parte la 8ª Columna "Ciro Redondo" del Ejército Rebelde al mando del Che Guevara significó la derrota de Batista y el triunfo en Santa Clara que terminaba de consolidar la revolución del 59´. Tras pasar por el blindado nos dirigimos al lugar más emblemático de Santa Clara, el mausoleo donde descansan los restos del héroe argentino. Una imponente plaza con un enorme monumento, que acompaña la parte trasera del billete de 3 CUC. Pero aquí viene el consejo Giramundo para que ustedes no cometan el mismo error, es que pasamos por Santa Clara un día lunes donde, teniendo en cuenta la gran afluencia de turistas los fines de semana, todo estaba cerrado. Tanto el museo del blindado como el mausoleo, una verdadera decepción pero debimos conformarnos con haber estado allí.

Destino final, La Habana
Seguimos viaje hacia La Habana ya que teníamos reservada la única noche de hotel, de las 4 que nos quedaban y por aquel entonces no contábamos con un GPS. Les comento que el ingreso en automóvil a La Habana es bastante complicado, las calles no están nominadas de manera clara y los sentidos se entrecruzan desorientando a cualquier conductor. Por suerte, tras un agotador camino, llegamos al hotel en el barrio de Vedado. Lamentablemente no era el de la primera noche en Cuba y el mismo dejaba mucho que desear, desde su personal ofreciendo prostitutas en la recepción hasta la limpieza de la habitación. Decidimos salir a comer, agotados comenzamos a caminar pero no nos percatamos que eran las 22 hs. y en La Habana ya no hay restaurantes a esa hora, por lo que terminamos comiendo un sándwich totalmente sobre tasado. Podemos  decir que no fue una noche muy positiva, además pudimos observar una desagradable escena donde militares detuvieron a un grupo de jóvenes por no tener papeles y los llevaron detenidos en un camión sin que estos hubieran hecho nada malo.

Ya descansados decidimos no renovar la estadía en el hotel y nos dirigimos a La Habana Vieja (Ver mapa), a un pequeño pero agradable hotel  que sería nuestro hogar durante las últimas cuatro jornadas de esta aventura. En su hall tenía una enorme gigantografía de Fidel Castro conversando con Juan Manuel Fangio, quien fuera secuestrado por la revolución en vísperas de un gran premio organizado por Batista. Años más tarde el automovilista reconoció que simpatizaba con Castro y que fue muy bien tratado por los revolucionarios.

La Habana, la capital Cubana es una ciudad mágica que pareciera detenida en el tiempo. Con aquellos enormes autos americanos de la de cada del 50´, viviendas coloniales totalmente descuidadas pero sin dejar de ser pintorescas, hombres y mujeres que mantienen interminables charlas en las plazas de la ciudad. Existen muchas cosas que no se pueden dejar de hacer en la ciudad como tomar un mojito en la mundialmente conocida Bodeguita del Medio donde el escritor Ernest Hemingway pasaba sus tardes cuando no estaba en El Floridita tomando una Daiquirí de limón. Caminar por las calles de La Habana Vieja emociona a cualquier visitante que puede apreciar el armado de puros de manera artesanal, degustar excelente mariscos o adquirir artesanías de diferente tipo para llevarse de recuerdo de estas tierras. Un lugar donde la música y la historia se entremezclan de manera permanente, y la alegría es contagiosa entre los que transitan sus estrechas calles.



Otras atracciones son un paseo durante el atardecer por el Malecón Habanero para observar a los pescadores en balsas improvisadas mientras tomas una cerveza Bucanero; una caminata por el incomparable cementerio de La Habana que es casi una pequeña ciudad por su tamaño y arquitectura; un recorrido por la Plaza de la Revolución y el Hotel Nacional de Cuba; pasar por la Estación Central de Trenes de La Habana y muchas otras que son los recorridos obligados para cualquier visitante extranjero.

Existen además museos con piezas únicas, sobre todo las vinculadas a la revolución cubana y a la época colonial. Es una gran oportunidad poder acercarse al Museo de la Revolución y muy cerca de allí se encuentra la embarcación “Granma” junto a otros artículos bélicos utilizados por las tropas Castristas en la bahía de cochinos durante la defensa a un intento de golpe de estado orquestado por Norteamérica. Otra de los eventos que ningún visitante debe perderse es el cañonazo diario de las 21h en ll Fortaleza de San Carlos de la Cabaña frente al Malecón, que un grupo de actores lo hacen emulando una antigua tradición realizada en la época de la colonia.

Un consejo útil para La Habana es hacer todo con tiempo y no a las apuradas, con esto quiero decir que los cubanos se toman su tiempo ya sea para atenderte cuando vas a comer o como para darte una indicación, por lo tanto tratar de relajarse ya que en los lugares más concurridos se arman colas para ingresar. Un lugar muy bueno para comer es en la Casa de Zaragoza, frente al Capitolio Nacional, pero les recomiendo ir alrededor de las 19 30 hs. para evitar largas esperas.

Desde mi punto de vista, más allá de los famosos lugares lo más entretenido para un Giramundo es simplemente vivir la vida en otro lugar, conversar con su gente y disfrutar de los pequeños momentos de la vida Cubana. Un desayuno admirando la ciudad, una buena canción tocada con el ritmo del Caribe y que si cerráramos los ojos pareciera el Buena Vista Social Club. Cuba es muy interesante porque es una realidad paralela, muy diferente a la que la mayoría de los habitantes del planeta estamos acostumbrados a vivir. Tal vez no sea ni mejor ni peor, ya que puedo decirles que tiene cosas muy positivas y creo que ni siquiera en Nueva Zelanda me sentí tan seguro como en Cuba pero también pude percibir una opresión terrible sobre un pueblo basando la autoridad del estado en el miedo.

Pero así es Cuba, la Cuba de Castro. Un paraíso comunista, con buen clima, con gente alegre, con playas hermosas y una cultura que todo Latinoamérica debería envidiar. Les recomiendo a todos que si tienen la oportunidad antes de que todo esto cambie, antes de que se convierta en un resort turístico más vacío de ideas y de sentimientos.

Me despido con una pequeña reflexión y es que nadie está en condiciones de juzgar como vive su vida otra nación, pero si a partir de visitarla tiene derecho a sacar sus propios conclusiones y manifestarlas libremente. Espero hayan disfrutado de esta historia, de este viaje que siempre fue una aspiración y que por suerte pude cumplir. Sólo hay que seguir soñando, seguir viajando.  Yo no ando devagar, O minho destino é viajar, Yo no soy de ningun lugar, O giramundo giramundo...

¡Mirá la primera parte del viaje haciendo click aquí!

lunes, 8 de octubre de 2012

Cuba, la revolución que no termina (Parte 1)

En todos mis años como Giramundo siempre había soñado con la posibilidad de conocer la isla de Cuba, ese mítico paraíso comunista del Caribe al que uno idealiza en su mente como el lugar perfecto donde todo es más justo y la alegría es lo que predomina, junto con el ron y el humo de tabaco.

Es muy complicado no meterse en la faz política durante este artículo, ya que la isla que gobierna política e ideológicamente hace más de 50 años Fidel Castro Ruz te lleva siempre a poner este aspecto en la balanza. Sólo voy a decirles que tras esos fantásticos 22 días recorriendo toda la isla en automóvil, de norte a sur y de este a oeste, me volví con una fuerte desilusión de cómo tienen que padecer los cubanos a un régimen que no se ha ocupado de renovarse en más de medio siglo. Fui con una romántica idea sobre comunismo y volví casi igualándolo a los horrores del capitalismo en los lugares más pobres de América Latina.

El inicio de un sueño
A mediados del 2007 en una bar y con cerveza de por medio con mi viejo (padre), conversábamos sobre cosas de la vida y entre ellas surgió el tema de los viajes. Cómo coincidimos en nuestra fecha de nacimiento, que mejor regalo de cumpleaños que hacer un viaje juntos como padre / hijo a Cuba, un lugar que siempre nos había llamado la atención a ambos y que no queríamos dejar pasar la oportunidad de conocerla bajo el régimen de gobierno actual.
Fue así que comenzaron los preparativos para el mes de Octubre donde partiríamos hacia el Caribe volando por Copa Airlines, con escala en Panamá City, con destino final La Habana. A través del económico programa Flexy Fly & Drive nos proponíamos conocer toda la isla de punta a punta manejando más de 5000 km en total (Ver mapa Cuba). El Flexy Fly & Drive es un programa que incluye aéreo, alquiler de un vehículo y alojamiento en distintos tipos de hoteles (all inclusive y convencionales) a lo largo de todo el territorio cubano.

Existe un mito de que a cuba hay  que llevar elementos al tipo de jabones, lapiceras, caramelos, etc. ya que no existe posibilidad alguna para sus habitantes de  conseguir estos productos. Desconozco como habrá sido en el pasado, pero en la actualidad existen todo este tipo de cosas en territorio cubano aunque sin dudas son bienes de difícil acceso para algunos ya que, como les comentaré más adelante, no todos tienen el mismo poder adquisitivo.

Tierra a la vista, llegamos a Cuba
Con la misma emoción que habrá sentido Cristóbal Colón al divisar las cristalinas playas de la provincia de Camagüey, al oriente de la isla, nosotros sobrevolábamos ese territorio para aterrizar en aquellas históricas que tanto soñábamos con conocer.

La primera imagen fue un poco impactante, ya que el aeropuerto está repleto de agentes de seguridad de la Policía Revolucionaria de Cuba que están atentos a cada uno de los visitantes que arriban al lugar. Ocasionalmente sacan a alguien de las filas para indagar sobre su origen, a que se dedican y a que se dirigen a Cuba. Vestidos con uniformes color caqui y con una postura inflexible, estos oficiales te brindan la primera imagen de que en Cuba “todo está bajo el control del estado”. Posteriormente, cruzás a través de migraciones donde vuelven a hacerte preguntas y te toman una fotografía en una pequeña cabina que termina de tirar por el suelo la imagen de que ibas a ser recibido entre tambores y mojitos.

Nuestra llegada a la ciudad de La Habana nos dejó impactados, tras atravesar el anillo que rodea a la ciudad, cargado de pobrezas y necesidades, nos adentramos en el barrio del Vedado, dónde pasaríamos nuestra primera noche antes de comenzar nuestro viaje en auto por todo el territorio cubano. Con una pequeña visita a la Habana Vieja, en medio de la lluvia, dimos inicio a la aventura cubana sabiendo que concluiríamos nuestro viaje con 4 días en la capital de aquel país al final del viaje. Ya en la primera noche empezamos a detectar los códigos del lugar para con los turistas: Venta de licor y tabaco de contrabando, mujeres cubanas “amistosas” con los turistas extranjeros, siempre regatear precios y nunca sentarse a tomar o comer algo en el primer lugar a la vista, salir temprano de noche ya que todo cierra muy temprano, etc. Tras tomar algunos mojitos en el Bar Francés de la Habana Vieja esperando que pare la lluvia fuimos a comer unos bifes encebollados en el malecón, al lado del mar, y nos volvimos a descansar para emprender viaje hacia Varadero al día siguiente.

Comenzaba la travesía, nos dirigimos a la agencia AVIS a retirar el Skoda Fabia que nos acompañaría en esta aventura y así salimos con rumbo a Varadero. Las rutas cubanas son muy particulares, y cualquier extranjero se sorprenderá de la cantidad de personas a la vera de la misma que piden que los lleven, esperan el transporte público oficial (camiones rurales similares a los que transportan ganado) o se suben a autos de la década del 60 que sin exagerar pueden llevar hasta 10 personas en su interior. El transporte es uno de los principales problemas del país, con trenes abarrotados y que no llegan a los distintos puntos de la isla. En tanto que el resto de los medios de movilidad se manejan a través de empresas informales o individuos que rentan el espacio en sus vehículos a cambio de un poco de dinero.

No hay problema con subir gente a los vehículos, si es que se les ocurre hacerlo, ya que en Cuba la seguridad de los turistas es parte de la conciencia social de la población. Más allá de que existen puestos de seguridad caminera en todas las rutas los mismos habitantes son conscientes de que el régimen no toleraría un atropello a aquellos que contribuyen a la pata más fuerte de su economía: el Turismo. Si debo advertirles que muchas veces los “hitchhickers” cubanos no tiene un rumbo establecido, es decir pueden llegar hasta Santiago de Cuba en el extremo sur si es que vos te dirigís allá, aunque esa no haya sido la idea original del viaje.

Llegamos al mundialmente famoso Varadero, conocido por sus playas de arena blanca y sus aguas cristalinas. Allí fue nuestro primer escollo en el viaje. Hasta el momento habíamos tomado la primera noche de hotel y el automóvil que un número impreso en un mail que Flexy Fly & Drive había enviado, pero al llegar al Hotel nos exigieron unos vouchers azules que no teníamos. Es importante que tengan en cuenta lo siguiente: en Cuba hay muchas cosas que dependen del estado y por ende existe mucha burocracia en cada uno de los pasos que necesites dar en el país. El Hotel era de una cadena estatal llamada Cubanacan y desconocía completamente la existencia del operador que habíamos contratado, sólo tomando por válido estos misteriosos vouchers azules. Tras muchas llamadas telefónicas y discusiones entre el encargado del hotel y la persona de la agencia (cabe aclarar que eran eternas, como si el reloj no corriera). Finalmente nos avisaron que los vouchers llegarían por correo al día siguiente, por lo que tuvimos que pagar en efectivo la primera noche en el lugar.

En Cuba conviven dos monedas nacionales el peso cubano (de escaso valor adquisitivo y destinado únicamente a los ciudadanos cubanos) y el CUC o cubanos convertibles cuya cotización se asemeja a la del Euro. Los precios en general no son baratos para los turistas en Cuba, sobre todo para los latinoamericanos que no contamos con un presupuesto tan holgado para nuestros viajes.

Tras solucionar el inconveniente nos fuimos almorzar para finalmente poder disfrutar de las playas. El hotel no era un “all inclusive”, lo cual es desde mi punto de vista hace a este viaje mucho más entretenido ya que te obliga a salir a conocer cada lugar y las zonas menos transitadas por extranjeros. Por la noche salimos a caminar para conocer un poco más el pequeño pueblo y disfrutamos de una excelente Paella con mariscos y hasta langosta, para luego dirigirnos al final de la Avenida principal del lugar adonde se llevaba a cabo una fiesta con música en vivo donde los mojitos y los cubas libres circulaban de a cientos. Sin dudas, la música es patrimonio de los cubanos. Tener la oportunidad de observar como bailan salsa es un espectáculo único y que por supuesto nos obliga a escondernos para que a nadie se les ocurra sacarnos a bailar y ponernos en ridículo frente a cientos de “semi profesionales” del baile. Volvimos al hotel y disfrutamos de algún otro cuba libre en el balcón y nos fuimos a descansar ya que al día siguiente continuaba nuestro viaje. 

Al día siguiente debíamos cruzar toda la isla para llegar a la ciudad de Trinidad, ubicada sobre el mar Caribe. Sin embargo antes pasamos por la ciudad de Cienfuegos, conocida como la “perla del sur”, un pintoresco lugar que mezcla un estilo colonial con modernos edificios. Tras recorrer su plaza de armas, sus avenidas y un pequeño mercado local nos detuvimos a almorzar en un restaurant cuya decoración, la música de un piano sonando de fondo y sus patios repletos de vegetación y esculturas, te transportaba automáticamente  a los años 50.

Continuamos en camino hacia uno de los puntos históricos de Cuba, Trinidad un lugar que alojo a los esclavos negros que llagaban desde África. Allí mismo era comercializados en la plaza principal del pueblo para ser llevados por los terratenientes a trabajar en sus plantaciones de azúcar o estancias. Cada piedra, cada mural y cada rostro de la ciudad sin dudas movilizan a los turistas que se acercan al lugar evocando esas atroces épocas en donde abiertamente se trataba a seres humanos como mercancía. En Trinidad nos alojamos en un “all inclusive”, ya con los vouchers en mano, para poder disfrutar de buenas bebidas y comidas ilimitadas junto al mar, aunque personalmente me gustaron mucho más las playas de la costa del atlántico.

Una de las cosas increíbles de Cuba es conversar con su gente, muy culta y amigable, que ocasionalmente se animan a contarte la verdad sobre la situación en que viven y gracias a esto pude llegar a la conclusión de que hay dos formas de vivir una vida digna en Cuba: Trabajando del turismo o siendo miembro del Partido Comunista Cubano, el primero porque el contacto con extranjeros permite recibir muchas propinas y negocios paralelos (como tours informales, venta de mercaderías, etc.) y el segundo por los beneficios políticos que tiene formar parte de una élite partidaria. Así, uno se encuentra con bailarinas o mozos que tienen títulos universitarios en medicina, ingeniería o arte pero que bajo ningún punto de vista podrían vivir de la manera que lo hacen trabajando de sus profesiones.

Otra de las cosas llamativas es el acceso internet. En Cuba por aquel entonces (desconozco como es en 2012) no proliferaban los puntos de conexión Wi-Fi, es decir que había que dirigirse a un cyber café para poder conectarse. El precio por hora era carísimo, algo así como 6 CUC la hora (léase Euros) y además debías completar un formulario con tus datos y número de pasaporte que decían desde que máquina y el horario en que ibas a navegar, algo más para sospechar del extremo control estatal sobre las distintas actividades.

Seguimos en viaje y nuestro itinerario era muy apretado, teníamos planificado solo dos o tres días por ciudad lo que nos llevaba a acelerar nuestro paso. En este sentido les recomiendo tengan mucha precaución, sobre todo al “acelerar”. Las rutas cubanas se encuentran en muy mal estado, transitadas por animales, carretas y gente desplazándose en bicicleta o a pie. A pesar de estar limitada la velocidad máxima, las desoladas carreteras son una tentación para la velocidad hasta que de la nada puede aparecer un cráter de estilo lunar que te acomoda las ideas de una sacudida importante.

Aunque el ritmo de viaje era frenético no perdíamos las ganas de seguir conociendo y fue así que todavía no llegábamos a la mitad del viaje y ya íbamos a conocer un quinto lugar, Playa Santa Lucía en la provincia de Las Tunas. Tal vez una de las más lindas del país, contaba con enormes hoteles sobre la calle principal que corría en paralelo al mar. Volvíamos al modelo “all inclusive”, pero esta vez tratábamos de disfrutar más de sus instalaciones fundamentalmente de la barra ubicada en la playa del hotel. Aquella costa contaba con un imponente muelle que había sido azotado por un tifón años atrás y lo había dejado inutilizable, sin embargo se había transformado en el lugar ideal para hacer snorkel ya que los restos bajo el agua atraían peces de todo tipo que fascinaban a todos los visitantes. Ya a esta altura se veían cada vez menos turistas extranjeros pero sí muchos cubanos, en gran mayoría miembros del PCC (Partido Comunista de Cuba) que reciben unas vacaciones pagas para todo el grupo familiar por apoyar el modelo instaurado por Castro.

En Santa Lucía tuvimos la suerte de conocer a un grupo de cubanos muy amigables con los compartimos muchas conversaciones y momentos. Eduardo, un cubano que vivía en Estados Unidos y que había regresado para visitar a su familia se acerco a preguntáramos de donde éramos y nos presento a todo su grupo de amigos y familiares. Para cualquier viajero le genera una sospecha el exceso de cordialidad desinteresada nos puede generar cierta desconfianza, que fue lo que nos ocurrió en un primer momento. Pero la verdad que este grupo de gente terminó siendo honestos en sus intensiones, solo querían compartir con personas que venían de otras realidades un momento de sus vacaciones.

Tras escuchar la cruda historia de cómo naufrago a los 18 años en balsa hasta Florida pudimos comprender un poco la visión de quien siente que Cuba le ha quitado todo y que sólo vuelve a ese lugar para ver a su familia. Por la noche fuimos invitados a tomar unos tragos a un bar 100% cubano, donde una fiesta con mucha música se llevaba a cabo y destacando las buenas intenciones de nuestros nuevos amigos, al final de la noche dividimos los gastos en forma equitativa.

Todo estaba listo para seguir y ahora nos quedaba por delante los destinos más importante de nuestro viaje: La hermosa playa tropical de Guardalavaca; la revolucionaria ciudad de Santiago de Cuba, donde tomo fuerza el movimiento revolucionario del 26 de Julio tras la toma del cuartel Moncada; Santa Clara, donde descansan los restos de Ernesto “Che” Guevara ícono mundial de la revolución y la juventud; y nuestra estadía en La Habana, la ciudad que sintetiza todo lo vivido durante aquellos días y que ningún viajero debería dejar de conocer.

Mirá aquí la segunda Parte de “Cuba, la revolución que no termina”. ¡Hasta siempre Giramundos! Yo no ando devagar, O minho destino é viajar, Yo no soy de ningun lugar, O giramundo giramundo...