domingo, 14 de octubre de 2012

Cuba, la revolución que no termina (Parte 2)

Santiago de Cuba y Santa Clara
Habíamos superado la primera etapa del viaje y estábamos listos para dirigirnos a la ciudad más importante del sur de la isla, Santiago de Cuba. Sin embargo, hicimos una breve parada en las hermosas playas de Gaurdalavaca, Holguín. Allí, nos alojamos una noche para disfrutar del último hotel sobre el mar con todas las comodidades. Como les anuncie en la primera parte de este post fue una sorpresa ver la cantidad de cubanos que se alojaban en el hotel con sus familias y es que todos ellos son ciudadanos oficialistas a quienes el estado premia por su lealtad con este tipo de beneficios. Cabe destacar un episodio vivido en Guardalavaca, donde un hombre de unos 50 años se acercó a contarnos la situación en que él  y su familia vivían en Cuba. De profesión médico, nos aseguró que era muy difícil vivir en el país, que su salario era muy bajo y que no existía libertad. A los pocos minutos no señaló a una persona de uniforme, que desde un risco observaba atentamente la charla y el mismo nos aseguró: “Ahora cuando me retire, ese oficial me va a interrogar porque estaba conversando con ustedes, de dónde los conozco y me pedirá mis papeles”. Fueron estos episodios los que me permitieron comprender cómo se vivía en Cuba, fuera del turismo.

Dimos por concluida nuestra estadía en playas cubanas para adentrarnos en la vida urbana e histórica de las grandes ciudades que marcaron la historia del lugar. Nuestra primera parada fue Santiago de Cuba, conocida como la ciudad gloriosa y revolucionaria en todo el país donde se gestó el movimiento 26 de julio liderado por Fidel Castro, que junto a Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos arribarían desde México para cambiar la historia de Cuba y marcar un punto de inflexión en el contexto político global.

Santiago fue para mí la ciudad más linda de Cuba, es el lugar donde pude conocer la cultura nacional en su versión más pura lejos de los vicios del turismo internacional, o al menos no tan contaminada por los mismos. Es impactante ver sus avenidas con grandes fuentes aguas y mansiones de principios de siglo, totalmente descuidadas y habitadas por muchas familias. Estos indicios dan cuenta de que antes de la revolución este era el principal destino para los norteamericanos adinerados o como lo llamara Castro en su momento “el prostíbulo de los yankees”.

Las calles de Santiago emanan historia, uno puede admirar el sentimiento y el orgullo de ser cubanos por parte de sus habitantes. Las pequeñas banderitas con los colores negros y rojos (del movimiento 26 de julio) en las puertas de los hogares dan cuenta de que Santiago, es uno de los lugares en donde más se siente como propia la revolución cubana. Es que la ciudad se encuentra muy cerca de la Sierra Maestra, desde donde el comando revolucionario gestó todo el proceso de cambio que de a poco avanzaría por todo el país. 

Uno de los lugares emblemáticos de la ciudad es el Cuartel Moncada, ícono del la tortura y las atrocidades del gobierno de Fulgencio Batista a quien Castro derrocaría años más tarde. Este edificio militar tuvo dos hechos que involucraron al líder cubano, el primero de ellos fue un asalto en el año 1953 que sería el inicio del proceso que culminaría con la revolución cubana de 1959. Tras el primer intento fallido, Fidel Castro se entregaría y terminaría en el exilio en México, donde conocería al médico argentino Ernesto “Che” Guevara que todavía hoy es el máximo icono de juventud revolucionaria a nivel mundial. Todos pueden visitar el Cuartel Moncada por algunos CUC´s y conocer documentos, fotografías y hasta uniformes que aún conservan manchas de sangre de  los enfrentamientos armados de la época, así como también observar que las paredes aún conservan las marcas de municiones en sus paredes para conmemorar el ataque del movimiento del 26.

Volviendo a la ciudad, por la calles de Santiago se respira Cuba. Música de salsa en todas las esquinas, mojitos y cubas libres que acompañan las alegres charlas de sus habitantes y un calor agobiante que no parece molestar a quienes ya viven acostumbrados al clima tropical. Caminar por la plaza de armas ubicada en el Parque Céspedes, visitar la casa más antigua de América al otro lado de la calle, caminar por la calle Heredia para detenerse a tomar algo fresco para combatir el calor, son sensaciones imperdibles.

En los alrededores de la ciudad existen otros atractivos a pocos minutos en auto. Uno de los más importantes es la Fortaleza del Morro, un castillo construido en lo alto de una montaña sobre el mar con el objetivo de proteger la colonia española de los ataques de distintos corsarios que recorrían los mares en buscas de riquezas. Casi todos los museos o atracciones históricas cobran para ingresar, pero además de esto no debe sorprenderles que los guías del lugar (uniformados e identificados) les pidan una colaboración extra tras brindarles una explicación personalizada.

Ya de vuelta en el hotel, nos quedaba disfrutar de nuestra última noche en Santiago donde tras una cena y algunas cervezas, observamos que grandes masas de personas se dirigían calle abajo a una especie de festejo local. Así fue que nos acercamos a la Plaza de la Juventud donde miles de jóvenes disfrutaban de buena música Salsa en vivo, es admirable como todos se comportan con alegría y no se observan disturbios ni peleas de ningún tipo. Y cuando los locales te identifican como extranjero la mayoría te observa o se acerca amistosamente a conversar con uno y preguntarte de venís, como es tu país, como son las mujeres, etc.

Al día siguiente partíamos de vuelta rumbo al norte, no esperaban más de 1000 km en la ruta ya que debíamos llegar a La Habana por la noche, pero antes pasar por la ciudad donde descansas los restos del “Che”, Santa Clara. Tras un largo recorrido en auto, sin aire acondicionado (ya que dejó de funcionar en el medio del viaje), nos adentramos en la famosa ciudad. Imágenes del mítico guerrillero inundan las paredes con mensajes de inspiración, lucha y orgullo nacional. Es que Guevara se transformó en un mártir para Cuba, cuando fue asesinado en la selva boliviana al intentar llevar la revolución más allá de las fronteras tropicales. Para Castro es el ejemplo del Che, el que todos debemos seguir y principalmente los jóvenes.

En primer lugar nos acercamos  al museo del tren blindado, aquel cuyo descarrilamiento y derrota por parte la 8ª Columna "Ciro Redondo" del Ejército Rebelde al mando del Che Guevara significó la derrota de Batista y el triunfo en Santa Clara que terminaba de consolidar la revolución del 59´. Tras pasar por el blindado nos dirigimos al lugar más emblemático de Santa Clara, el mausoleo donde descansan los restos del héroe argentino. Una imponente plaza con un enorme monumento, que acompaña la parte trasera del billete de 3 CUC. Pero aquí viene el consejo Giramundo para que ustedes no cometan el mismo error, es que pasamos por Santa Clara un día lunes donde, teniendo en cuenta la gran afluencia de turistas los fines de semana, todo estaba cerrado. Tanto el museo del blindado como el mausoleo, una verdadera decepción pero debimos conformarnos con haber estado allí.

Destino final, La Habana
Seguimos viaje hacia La Habana ya que teníamos reservada la única noche de hotel, de las 4 que nos quedaban y por aquel entonces no contábamos con un GPS. Les comento que el ingreso en automóvil a La Habana es bastante complicado, las calles no están nominadas de manera clara y los sentidos se entrecruzan desorientando a cualquier conductor. Por suerte, tras un agotador camino, llegamos al hotel en el barrio de Vedado. Lamentablemente no era el de la primera noche en Cuba y el mismo dejaba mucho que desear, desde su personal ofreciendo prostitutas en la recepción hasta la limpieza de la habitación. Decidimos salir a comer, agotados comenzamos a caminar pero no nos percatamos que eran las 22 hs. y en La Habana ya no hay restaurantes a esa hora, por lo que terminamos comiendo un sándwich totalmente sobre tasado. Podemos  decir que no fue una noche muy positiva, además pudimos observar una desagradable escena donde militares detuvieron a un grupo de jóvenes por no tener papeles y los llevaron detenidos en un camión sin que estos hubieran hecho nada malo.

Ya descansados decidimos no renovar la estadía en el hotel y nos dirigimos a La Habana Vieja (Ver mapa), a un pequeño pero agradable hotel  que sería nuestro hogar durante las últimas cuatro jornadas de esta aventura. En su hall tenía una enorme gigantografía de Fidel Castro conversando con Juan Manuel Fangio, quien fuera secuestrado por la revolución en vísperas de un gran premio organizado por Batista. Años más tarde el automovilista reconoció que simpatizaba con Castro y que fue muy bien tratado por los revolucionarios.

La Habana, la capital Cubana es una ciudad mágica que pareciera detenida en el tiempo. Con aquellos enormes autos americanos de la de cada del 50´, viviendas coloniales totalmente descuidadas pero sin dejar de ser pintorescas, hombres y mujeres que mantienen interminables charlas en las plazas de la ciudad. Existen muchas cosas que no se pueden dejar de hacer en la ciudad como tomar un mojito en la mundialmente conocida Bodeguita del Medio donde el escritor Ernest Hemingway pasaba sus tardes cuando no estaba en El Floridita tomando una Daiquirí de limón. Caminar por las calles de La Habana Vieja emociona a cualquier visitante que puede apreciar el armado de puros de manera artesanal, degustar excelente mariscos o adquirir artesanías de diferente tipo para llevarse de recuerdo de estas tierras. Un lugar donde la música y la historia se entremezclan de manera permanente, y la alegría es contagiosa entre los que transitan sus estrechas calles.



Otras atracciones son un paseo durante el atardecer por el Malecón Habanero para observar a los pescadores en balsas improvisadas mientras tomas una cerveza Bucanero; una caminata por el incomparable cementerio de La Habana que es casi una pequeña ciudad por su tamaño y arquitectura; un recorrido por la Plaza de la Revolución y el Hotel Nacional de Cuba; pasar por la Estación Central de Trenes de La Habana y muchas otras que son los recorridos obligados para cualquier visitante extranjero.

Existen además museos con piezas únicas, sobre todo las vinculadas a la revolución cubana y a la época colonial. Es una gran oportunidad poder acercarse al Museo de la Revolución y muy cerca de allí se encuentra la embarcación “Granma” junto a otros artículos bélicos utilizados por las tropas Castristas en la bahía de cochinos durante la defensa a un intento de golpe de estado orquestado por Norteamérica. Otra de los eventos que ningún visitante debe perderse es el cañonazo diario de las 21h en ll Fortaleza de San Carlos de la Cabaña frente al Malecón, que un grupo de actores lo hacen emulando una antigua tradición realizada en la época de la colonia.

Un consejo útil para La Habana es hacer todo con tiempo y no a las apuradas, con esto quiero decir que los cubanos se toman su tiempo ya sea para atenderte cuando vas a comer o como para darte una indicación, por lo tanto tratar de relajarse ya que en los lugares más concurridos se arman colas para ingresar. Un lugar muy bueno para comer es en la Casa de Zaragoza, frente al Capitolio Nacional, pero les recomiendo ir alrededor de las 19 30 hs. para evitar largas esperas.

Desde mi punto de vista, más allá de los famosos lugares lo más entretenido para un Giramundo es simplemente vivir la vida en otro lugar, conversar con su gente y disfrutar de los pequeños momentos de la vida Cubana. Un desayuno admirando la ciudad, una buena canción tocada con el ritmo del Caribe y que si cerráramos los ojos pareciera el Buena Vista Social Club. Cuba es muy interesante porque es una realidad paralela, muy diferente a la que la mayoría de los habitantes del planeta estamos acostumbrados a vivir. Tal vez no sea ni mejor ni peor, ya que puedo decirles que tiene cosas muy positivas y creo que ni siquiera en Nueva Zelanda me sentí tan seguro como en Cuba pero también pude percibir una opresión terrible sobre un pueblo basando la autoridad del estado en el miedo.

Pero así es Cuba, la Cuba de Castro. Un paraíso comunista, con buen clima, con gente alegre, con playas hermosas y una cultura que todo Latinoamérica debería envidiar. Les recomiendo a todos que si tienen la oportunidad antes de que todo esto cambie, antes de que se convierta en un resort turístico más vacío de ideas y de sentimientos.

Me despido con una pequeña reflexión y es que nadie está en condiciones de juzgar como vive su vida otra nación, pero si a partir de visitarla tiene derecho a sacar sus propios conclusiones y manifestarlas libremente. Espero hayan disfrutado de esta historia, de este viaje que siempre fue una aspiración y que por suerte pude cumplir. Sólo hay que seguir soñando, seguir viajando.  Yo no ando devagar, O minho destino é viajar, Yo no soy de ningun lugar, O giramundo giramundo...

¡Mirá la primera parte del viaje haciendo click aquí!

lunes, 8 de octubre de 2012

Cuba, la revolución que no termina (Parte 1)

En todos mis años como Giramundo siempre había soñado con la posibilidad de conocer la isla de Cuba, ese mítico paraíso comunista del Caribe al que uno idealiza en su mente como el lugar perfecto donde todo es más justo y la alegría es lo que predomina, junto con el ron y el humo de tabaco.

Es muy complicado no meterse en la faz política durante este artículo, ya que la isla que gobierna política e ideológicamente hace más de 50 años Fidel Castro Ruz te lleva siempre a poner este aspecto en la balanza. Sólo voy a decirles que tras esos fantásticos 22 días recorriendo toda la isla en automóvil, de norte a sur y de este a oeste, me volví con una fuerte desilusión de cómo tienen que padecer los cubanos a un régimen que no se ha ocupado de renovarse en más de medio siglo. Fui con una romántica idea sobre comunismo y volví casi igualándolo a los horrores del capitalismo en los lugares más pobres de América Latina.

El inicio de un sueño
A mediados del 2007 en una bar y con cerveza de por medio con mi viejo (padre), conversábamos sobre cosas de la vida y entre ellas surgió el tema de los viajes. Cómo coincidimos en nuestra fecha de nacimiento, que mejor regalo de cumpleaños que hacer un viaje juntos como padre / hijo a Cuba, un lugar que siempre nos había llamado la atención a ambos y que no queríamos dejar pasar la oportunidad de conocerla bajo el régimen de gobierno actual.
Fue así que comenzaron los preparativos para el mes de Octubre donde partiríamos hacia el Caribe volando por Copa Airlines, con escala en Panamá City, con destino final La Habana. A través del económico programa Flexy Fly & Drive nos proponíamos conocer toda la isla de punta a punta manejando más de 5000 km en total (Ver mapa Cuba). El Flexy Fly & Drive es un programa que incluye aéreo, alquiler de un vehículo y alojamiento en distintos tipos de hoteles (all inclusive y convencionales) a lo largo de todo el territorio cubano.

Existe un mito de que a cuba hay  que llevar elementos al tipo de jabones, lapiceras, caramelos, etc. ya que no existe posibilidad alguna para sus habitantes de  conseguir estos productos. Desconozco como habrá sido en el pasado, pero en la actualidad existen todo este tipo de cosas en territorio cubano aunque sin dudas son bienes de difícil acceso para algunos ya que, como les comentaré más adelante, no todos tienen el mismo poder adquisitivo.

Tierra a la vista, llegamos a Cuba
Con la misma emoción que habrá sentido Cristóbal Colón al divisar las cristalinas playas de la provincia de Camagüey, al oriente de la isla, nosotros sobrevolábamos ese territorio para aterrizar en aquellas históricas que tanto soñábamos con conocer.

La primera imagen fue un poco impactante, ya que el aeropuerto está repleto de agentes de seguridad de la Policía Revolucionaria de Cuba que están atentos a cada uno de los visitantes que arriban al lugar. Ocasionalmente sacan a alguien de las filas para indagar sobre su origen, a que se dedican y a que se dirigen a Cuba. Vestidos con uniformes color caqui y con una postura inflexible, estos oficiales te brindan la primera imagen de que en Cuba “todo está bajo el control del estado”. Posteriormente, cruzás a través de migraciones donde vuelven a hacerte preguntas y te toman una fotografía en una pequeña cabina que termina de tirar por el suelo la imagen de que ibas a ser recibido entre tambores y mojitos.

Nuestra llegada a la ciudad de La Habana nos dejó impactados, tras atravesar el anillo que rodea a la ciudad, cargado de pobrezas y necesidades, nos adentramos en el barrio del Vedado, dónde pasaríamos nuestra primera noche antes de comenzar nuestro viaje en auto por todo el territorio cubano. Con una pequeña visita a la Habana Vieja, en medio de la lluvia, dimos inicio a la aventura cubana sabiendo que concluiríamos nuestro viaje con 4 días en la capital de aquel país al final del viaje. Ya en la primera noche empezamos a detectar los códigos del lugar para con los turistas: Venta de licor y tabaco de contrabando, mujeres cubanas “amistosas” con los turistas extranjeros, siempre regatear precios y nunca sentarse a tomar o comer algo en el primer lugar a la vista, salir temprano de noche ya que todo cierra muy temprano, etc. Tras tomar algunos mojitos en el Bar Francés de la Habana Vieja esperando que pare la lluvia fuimos a comer unos bifes encebollados en el malecón, al lado del mar, y nos volvimos a descansar para emprender viaje hacia Varadero al día siguiente.

Comenzaba la travesía, nos dirigimos a la agencia AVIS a retirar el Skoda Fabia que nos acompañaría en esta aventura y así salimos con rumbo a Varadero. Las rutas cubanas son muy particulares, y cualquier extranjero se sorprenderá de la cantidad de personas a la vera de la misma que piden que los lleven, esperan el transporte público oficial (camiones rurales similares a los que transportan ganado) o se suben a autos de la década del 60 que sin exagerar pueden llevar hasta 10 personas en su interior. El transporte es uno de los principales problemas del país, con trenes abarrotados y que no llegan a los distintos puntos de la isla. En tanto que el resto de los medios de movilidad se manejan a través de empresas informales o individuos que rentan el espacio en sus vehículos a cambio de un poco de dinero.

No hay problema con subir gente a los vehículos, si es que se les ocurre hacerlo, ya que en Cuba la seguridad de los turistas es parte de la conciencia social de la población. Más allá de que existen puestos de seguridad caminera en todas las rutas los mismos habitantes son conscientes de que el régimen no toleraría un atropello a aquellos que contribuyen a la pata más fuerte de su economía: el Turismo. Si debo advertirles que muchas veces los “hitchhickers” cubanos no tiene un rumbo establecido, es decir pueden llegar hasta Santiago de Cuba en el extremo sur si es que vos te dirigís allá, aunque esa no haya sido la idea original del viaje.

Llegamos al mundialmente famoso Varadero, conocido por sus playas de arena blanca y sus aguas cristalinas. Allí fue nuestro primer escollo en el viaje. Hasta el momento habíamos tomado la primera noche de hotel y el automóvil que un número impreso en un mail que Flexy Fly & Drive había enviado, pero al llegar al Hotel nos exigieron unos vouchers azules que no teníamos. Es importante que tengan en cuenta lo siguiente: en Cuba hay muchas cosas que dependen del estado y por ende existe mucha burocracia en cada uno de los pasos que necesites dar en el país. El Hotel era de una cadena estatal llamada Cubanacan y desconocía completamente la existencia del operador que habíamos contratado, sólo tomando por válido estos misteriosos vouchers azules. Tras muchas llamadas telefónicas y discusiones entre el encargado del hotel y la persona de la agencia (cabe aclarar que eran eternas, como si el reloj no corriera). Finalmente nos avisaron que los vouchers llegarían por correo al día siguiente, por lo que tuvimos que pagar en efectivo la primera noche en el lugar.

En Cuba conviven dos monedas nacionales el peso cubano (de escaso valor adquisitivo y destinado únicamente a los ciudadanos cubanos) y el CUC o cubanos convertibles cuya cotización se asemeja a la del Euro. Los precios en general no son baratos para los turistas en Cuba, sobre todo para los latinoamericanos que no contamos con un presupuesto tan holgado para nuestros viajes.

Tras solucionar el inconveniente nos fuimos almorzar para finalmente poder disfrutar de las playas. El hotel no era un “all inclusive”, lo cual es desde mi punto de vista hace a este viaje mucho más entretenido ya que te obliga a salir a conocer cada lugar y las zonas menos transitadas por extranjeros. Por la noche salimos a caminar para conocer un poco más el pequeño pueblo y disfrutamos de una excelente Paella con mariscos y hasta langosta, para luego dirigirnos al final de la Avenida principal del lugar adonde se llevaba a cabo una fiesta con música en vivo donde los mojitos y los cubas libres circulaban de a cientos. Sin dudas, la música es patrimonio de los cubanos. Tener la oportunidad de observar como bailan salsa es un espectáculo único y que por supuesto nos obliga a escondernos para que a nadie se les ocurra sacarnos a bailar y ponernos en ridículo frente a cientos de “semi profesionales” del baile. Volvimos al hotel y disfrutamos de algún otro cuba libre en el balcón y nos fuimos a descansar ya que al día siguiente continuaba nuestro viaje. 

Al día siguiente debíamos cruzar toda la isla para llegar a la ciudad de Trinidad, ubicada sobre el mar Caribe. Sin embargo antes pasamos por la ciudad de Cienfuegos, conocida como la “perla del sur”, un pintoresco lugar que mezcla un estilo colonial con modernos edificios. Tras recorrer su plaza de armas, sus avenidas y un pequeño mercado local nos detuvimos a almorzar en un restaurant cuya decoración, la música de un piano sonando de fondo y sus patios repletos de vegetación y esculturas, te transportaba automáticamente  a los años 50.

Continuamos en camino hacia uno de los puntos históricos de Cuba, Trinidad un lugar que alojo a los esclavos negros que llagaban desde África. Allí mismo era comercializados en la plaza principal del pueblo para ser llevados por los terratenientes a trabajar en sus plantaciones de azúcar o estancias. Cada piedra, cada mural y cada rostro de la ciudad sin dudas movilizan a los turistas que se acercan al lugar evocando esas atroces épocas en donde abiertamente se trataba a seres humanos como mercancía. En Trinidad nos alojamos en un “all inclusive”, ya con los vouchers en mano, para poder disfrutar de buenas bebidas y comidas ilimitadas junto al mar, aunque personalmente me gustaron mucho más las playas de la costa del atlántico.

Una de las cosas increíbles de Cuba es conversar con su gente, muy culta y amigable, que ocasionalmente se animan a contarte la verdad sobre la situación en que viven y gracias a esto pude llegar a la conclusión de que hay dos formas de vivir una vida digna en Cuba: Trabajando del turismo o siendo miembro del Partido Comunista Cubano, el primero porque el contacto con extranjeros permite recibir muchas propinas y negocios paralelos (como tours informales, venta de mercaderías, etc.) y el segundo por los beneficios políticos que tiene formar parte de una élite partidaria. Así, uno se encuentra con bailarinas o mozos que tienen títulos universitarios en medicina, ingeniería o arte pero que bajo ningún punto de vista podrían vivir de la manera que lo hacen trabajando de sus profesiones.

Otra de las cosas llamativas es el acceso internet. En Cuba por aquel entonces (desconozco como es en 2012) no proliferaban los puntos de conexión Wi-Fi, es decir que había que dirigirse a un cyber café para poder conectarse. El precio por hora era carísimo, algo así como 6 CUC la hora (léase Euros) y además debías completar un formulario con tus datos y número de pasaporte que decían desde que máquina y el horario en que ibas a navegar, algo más para sospechar del extremo control estatal sobre las distintas actividades.

Seguimos en viaje y nuestro itinerario era muy apretado, teníamos planificado solo dos o tres días por ciudad lo que nos llevaba a acelerar nuestro paso. En este sentido les recomiendo tengan mucha precaución, sobre todo al “acelerar”. Las rutas cubanas se encuentran en muy mal estado, transitadas por animales, carretas y gente desplazándose en bicicleta o a pie. A pesar de estar limitada la velocidad máxima, las desoladas carreteras son una tentación para la velocidad hasta que de la nada puede aparecer un cráter de estilo lunar que te acomoda las ideas de una sacudida importante.

Aunque el ritmo de viaje era frenético no perdíamos las ganas de seguir conociendo y fue así que todavía no llegábamos a la mitad del viaje y ya íbamos a conocer un quinto lugar, Playa Santa Lucía en la provincia de Las Tunas. Tal vez una de las más lindas del país, contaba con enormes hoteles sobre la calle principal que corría en paralelo al mar. Volvíamos al modelo “all inclusive”, pero esta vez tratábamos de disfrutar más de sus instalaciones fundamentalmente de la barra ubicada en la playa del hotel. Aquella costa contaba con un imponente muelle que había sido azotado por un tifón años atrás y lo había dejado inutilizable, sin embargo se había transformado en el lugar ideal para hacer snorkel ya que los restos bajo el agua atraían peces de todo tipo que fascinaban a todos los visitantes. Ya a esta altura se veían cada vez menos turistas extranjeros pero sí muchos cubanos, en gran mayoría miembros del PCC (Partido Comunista de Cuba) que reciben unas vacaciones pagas para todo el grupo familiar por apoyar el modelo instaurado por Castro.

En Santa Lucía tuvimos la suerte de conocer a un grupo de cubanos muy amigables con los compartimos muchas conversaciones y momentos. Eduardo, un cubano que vivía en Estados Unidos y que había regresado para visitar a su familia se acerco a preguntáramos de donde éramos y nos presento a todo su grupo de amigos y familiares. Para cualquier viajero le genera una sospecha el exceso de cordialidad desinteresada nos puede generar cierta desconfianza, que fue lo que nos ocurrió en un primer momento. Pero la verdad que este grupo de gente terminó siendo honestos en sus intensiones, solo querían compartir con personas que venían de otras realidades un momento de sus vacaciones.

Tras escuchar la cruda historia de cómo naufrago a los 18 años en balsa hasta Florida pudimos comprender un poco la visión de quien siente que Cuba le ha quitado todo y que sólo vuelve a ese lugar para ver a su familia. Por la noche fuimos invitados a tomar unos tragos a un bar 100% cubano, donde una fiesta con mucha música se llevaba a cabo y destacando las buenas intenciones de nuestros nuevos amigos, al final de la noche dividimos los gastos en forma equitativa.

Todo estaba listo para seguir y ahora nos quedaba por delante los destinos más importante de nuestro viaje: La hermosa playa tropical de Guardalavaca; la revolucionaria ciudad de Santiago de Cuba, donde tomo fuerza el movimiento revolucionario del 26 de Julio tras la toma del cuartel Moncada; Santa Clara, donde descansan los restos de Ernesto “Che” Guevara ícono mundial de la revolución y la juventud; y nuestra estadía en La Habana, la ciudad que sintetiza todo lo vivido durante aquellos días y que ningún viajero debería dejar de conocer.

Mirá aquí la segunda Parte de “Cuba, la revolución que no termina”. ¡Hasta siempre Giramundos! Yo no ando devagar, O minho destino é viajar, Yo no soy de ningun lugar, O giramundo giramundo...