sábado, 17 de diciembre de 2011

Manu Chao: El verdadero Giramundo

¿Alguna vez durante un viaje, sobre todo uno que recorra kilómetros de asfalto no turísticos, se te cruzó la imagen de Manu Chao por tu mente?

No sé si esto le ocurrirá a todo el mundo pero, por lo que he podido apreciar durante mis viajes, el cantante Franco-Español es un vínculo entre muchos viajeros de todo el mundo. Tal vez sea por su presencia universal; por ser políglota y poder cantar en español, francés, portugués e inglés, a menudo cambiando de idioma en la misma canción; por tener amigos en Barcelona, Senegal, México y Argentina; por lograr que en Moscú bailen la clásica canción hispana “Si me das a elegir” o simplemente por ser uno más de nosotros. Sólo un Giramundo más.

“Nací en París, me crié en Francia. Mi familia es de Galicia, de país Vasco, tengo orgullo de tener raíces allí. Pero más que todo tengo orgullo del lugar donde estoy en el presente, me siento ciudadano del presente. Perdido en el mundo, perdido en el siglo, pero en el presente”, explica Manu en una entrevista, dando cuenta de que no se considera habitante de un único lugar, sino de todos al mismo tiempo.


Fragmento del documental Clandestino, muy recomendable.

Sin dudas su tema Giramundo fue el que inspiró el nombre de este Blog, así como la idea de compartir mis vivencias y experiencias. Así nació esta humilde página, con el único objetivo de ayudar a cualquier viajero que esté buscando información o que simplemente quiera experimentar a través de esta líneas la sensación de transitar lugares, que espero todos puedan visitar en alguna oportunidad.

Tal como a mí me surgió la inquietud de empezar a escribir artículos a raíz de mis viajes, a este artista su pasión por conocer el mundo lo llevó cambiar su vida. Su primer contacto fuerte con las rutas llega a través gran grupo Mano Negra, la banda nacida a finales de los ochenta que le ofreció a Manu Chao la posibilidad de empezar a recorrer el globo. Sin embargo comenzó a darse cuenta de que sólo tenía tiempo de compartir algunos días con los habitantes de cada ciudad que visitaba, debiendo abandonarlos al poco tiempo, sintiendo un gran vacío y nostalgia por la partida.

Al separarse el grupo, Manu realiza un viaje junto a un grupo de desalineados franceses por Sudamérica, durante el cual se abandona al cálido recibimiento de un viaje clandestino y nuevamente infame, donde la simpatía de la gente que comparte sus viajes se transforma en su permanente adicción.

De este viaje donde recorre la polarización de clases y la riqueza cultural del nuevo continente, donde el pobre puede ser más pobre y el rico solo lo es mediante la violencia, el crimen, la corrupción y el autoritarismo, Manu Chao comienza a realizar canciones con contenido social, impulsado por esa belleza de la subcultura ensombrecida por el capitalismo más agresivo de todo el mundo.

Este compromiso lo llevó a maniefestar publicamente su apoyo a la causa del Ejércto Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), un reclamo histórico por una mejor distribución de la riqueza y una sociedad más justa en el continente. El artista llegó a visitar el campamento del EZLN donde tocó para sus filas.


Pero fuera de una reclamos político, es en Latinoamérica donde Manu Chao adopta un concepto como filosofía de vida: “La Esperanza”. “Yo aprendí mucho de esperanza en Latinoamérica. Te levantas por la mañana, tienes cuatro hijos y no tienes ni un centavo, no te puedes permitir estar depresivo o sin fuerzas. Tienes que salir como sea, con esperanza a buscar algo de comer para tus hijos”, explicó el cantante en una entrevista en el documental Malegría.

¿Pero por qué digo que en la ruta se me ha venido la imagen de Manu Chao? Creo que principalmente se debe a esa coincidencia de historias, que la mayoría de los caminos que recorrí están situados en Latinoamérica. Tal vez es el continente con más alegría, más color y más vida del planeta pero también uno de los que posee mucha desigualdad, mucha inseguridad y mucha pobreza. Las grandes ciudades siempre quedan exentas, sobre todo las zonas turísticas, pero al recorrer sus caminos uno se adentra en el verdadero continente.

Jamás voy a olvidar mi primer viaje de mochilero, en el cual me acompaño con un discman y muchos cd´s grabados especialmente para la ocasión, algo extremadamente incomodo de transportar pero que conformo la música de ese momento de mi vida. Allí fue que, mirando por la ventana del bus, empecé a observar esa realidad que me rodeaba en la zona norte de Chile, al ritmo de “El Viento”. Al atravesar el desierto de Atacama comencé a darme cuenta que cuán lejos de la moderna Santiago están aquellos poblados abandonados por la minería y esas familias que deambulan por la zona fronteriza con Perú, en busca de una oportunidad mejor. Lejos está se serlo, pero la ciudad de Tacna me remitió automáticamente a “Bienvenida a Tijuana” particularmente por el clima de ilegalidad y crimen organizado que se respira al bajarse en la fronteriza ciudad peruana.

Otra imagen que se quedó pegada en mi retina fue durante la experiencia en Cuba, el paraíso comunista de Fidel Castro, tierra de un idealista como el Che pero que sin embargo está repleta de injusticias y de necesidades. Un sistema que no en vano ha fracasado como tal vez termine de fracasar el capitalismo en el que hoy la mayoría de nosotros vivimos. Transitando por Santiago de Cuba tuvimos la oportunidad de conocer la verdadera isla, no la de los mojitos en “La Bodeguita del Medio” de La Habana sino la de la pobreza, el olvido y la necesidad permanente de cambiar de vida. “Me llaman calle” me remitió directamente a esas jóvenes que por necesidad o por un simple sueño de una vida mejor, salen con extranjeros, por dinero, por una noche de hotel o tal vez por la utópica idea de casarse y empezar una vida diferente lejos de aquello de lo que no puede escapar. Más allá de este olvidable recuerdo, existe otra gran cantidad de personas que defienden a capa y espada el régimen comunista cubano. Gente que a primera vista pareciera padecerlo, pero que al conversar con ellos parece disfrutar de ese estilo de vida y de la seguridad que tiene vivir en una sociedad con la tutela permanente del estado.

Tal vez sea nuestro continente que tiene eso. Es su gente que, a pesar de las necesidades y frustraciones, no deja de esbozar esa blanca sonrisa que ilumina sus rostros. Tal vez es esa la “Malegría” a la que le canta Manu Chao, esa que según sus palabras “es una tristeza inexplicable, que se traduce en la defensa de la alegría por encima de las lágrimas”.

Tal vez sea la simpleza del artista, de no haberse alejado nunca de la realidad, de seguir siendo un tipo como todos nosotros lo que me genera esa empatía con Manu Chao. Un tipo con amigos de diferentes tipos, que camina la calle, que le gusta conocer nuevos lugares y que en fin podría ser cualquiera de nosotros.




Para cerrar la nota les dejo una frase de la persona que considero el Giramundo por excelencia.
“La mejor escuela de la vida es poder viajar, por eso viajo. Creo que es la mejor manera de aprender cosas nuevas, de ver cosas diferentes y de cierto modo romper la rutina de dónde vives tú cada día” - José Manuel Arturo Tomás Chao-

Sitios consultados para esta nota
www.manuchao.net
http://www.tnc.mx/node/manu-chao-cr-nicas-de-un-trotamundo
www.es.wikipedia.org
www.youtube.com

sábado, 19 de noviembre de 2011

Un viaje a través del oído: La importancia de las Audioguías

¿Cuántas veces estuviste parado frente a las obras más importantes de la Humanidad y te quedaste igual, como si fuera un objeto más de todos los que forman parte de uno de tus viajes? Si sos capaz de ver el museo del Louvre en 15 minutos o si pensás que la torre de Pisa era así, sin dudas necesitas a alguien que te acompañe en tus viajes y sepa mucho o... una AUDIOGUÍA.

Este artículo nace de la inquietud de un colega de España, Francisco Gómez, quien se contacto con vivegiramundo.blogspot.com para acercarle el tema y quién gentilmente escribió este artículo para difundir a todos los viajeros la existencia de una esta nueva tecnología, al alcance de todos ya que es totalmente gratuita.

Este amigo, oriundo de la turística ciudad de Toledo, nos comentó que "la idea surgió en un viaje a París con un amigo, echábamos en falta este tipo de recursos en la web y que fueran gratuitos. Por eso nos animamos a montar el sitio AudioViator.com"

Para Francisco aprovechar un viaje es también aprender algo y saber más tras la vuelta a casa. "Muchas veces la información es escasa o difusa, y las piedras, por el momento, no hablan. Da gusto cuando alguien te abre los ojos y te cuenta los detalles de lo que estás viendo, los porqués de los lugares y las cosas que ocurren u ocurrieron. Cualquier fanático de la literatura te diría que es mejor leer el libro que simplemente hojearlo", explicó.

En mi experiencia personal no he utilizado este recurso durante mis viajes, pero si puedo asegurarles que en cada ciudad, pueblo o destino que he visitado me he perdido de valioso detalles por falta de tiempo, por no prestar atención o simplemente por no saber de su existencia. Además existen diferentes formas de viajar, desde la mochila recorriendo lugares inhóspitos a recorrer grandes ciudades de Europa en busca de maravillas de la humanidad y museos que albergan los tesoros más importante de la historia del arte y la cultura, por la tanto cada viajero puede encontrarle la utilidad justa a este tipo de recursos.

Tal como describe Francisco "es posible que te hayas quedado parado ante un monumento o cualquier obra de arte y hayas pensado: seguro que esto tiene una explicación, seguro que detrás hay más historia".

Eso suele pasar bastante y muchas veces no somos conscientes de lo que nos estamos perdiendo por no tener esas explicaciones.

Si no lo sabés, o no te explican, en las Meninas de Diego Velázquez pasaría desapercibido el secreto del cuadro. En realidad, Velázquez pinta lo que estaban viendo los reyes cuando posaban para el pintor. También te puedes pasar por alto que la tumba de Napoleón Bonaparte en París está en situada más baja que la planta de acceso para que cualquiera que la visite agache la cabeza como si le estuviera reverenciando. Esto es sólo un ejemplo de las cosas que podemos aprender.

Si tuviéramos en consideración este tipo de detalles, sin dudas sacaríamos mayor partido a nuestros viajes ya sean por lugares históricos como parques naturales.

La opción más barata y que nos hace llevar menos peso es la de las audioguías.

¿Qué son las audioguías?

Son archivos de audio acompañados de un plano para poder seguir el recorrido en el que está señalado cada uno de los puntos. Se pueden cargar en un móvil o un reproductor mp3.

En la red no existen páginas de calidad de las que, de forma gratuita, cualquiera pueda bajarse una audioguía sin necesidad de un registro ni condición previa.

¿Cuánto valen?

AudioViator.com ha nacido con la idea de llenar este hueco. Empezó siendo el proyecto de dos personas a las que luego se han unido otras más. El sitio te ayudará a obtener estas explicaciones con audioguías totalmente gratis.

El objetivo es que no te quedes sin esas explicaciones y que puedas incluso crear tus audioguías de manera gratuita sobre tu ciudad favorita o el recorrido que mejor conozcas para luego compartirlas

Así que no lo olvides, cuando planifiques tu viaje no sólo pienses en el vuelo y el hotel, si estás interesado en profundizar un poco más acerca de tu destino pensá en las audioguías para sacar todo el partido a tu escapada.

*Agradecemos el aporte de Francisco Gómez, colaborador de AudioViator©, para la creación de este post.


miércoles, 19 de octubre de 2011

La Cumbrecita, un oasis alpino en Argentina

Durante este invierno que pasó tuve la oportunidad de conocer uno de los lugares más cálidos y amistosos de la provincia de Córdoba, La Cumbrecita. Ubicado en el Valle de Calamuchita, a 2 hs de viaje desde la ciudad de Córdoba, este pequeño poblado alpino albergado por un bosque al más puro estilo suizo abre sus puertas a visitantes de todo el país y el mundo.

La verdad es que este es mi primer post que se refiere a un destino de mi provincia, a la que por mucho años deje en segundo plano a la hora de conocer sus imponentes paisajes y las experiencias que ofrece para todos aquellos curiosos que buscan una escapada diferente y que sólo dispongan de un par de días.

Salir de la oficina un viernes por la tarde sabiendo que te espera un viaje largo por un camino sinuoso es a veces poco alentador, sin embargo todo cuando ya empezas a admirar la belleza de toda la zona. Empezando por el lago de Los Molinos, recorriendo la costa de Potrero de Garay y apreciando la inmensidad de ese enorme espejo de agua que aún no ha sido invadido de manera feroz por la mano del hombre. Seguimos por la ruta y al aproximarnos a Villa Berna ya empezábamos a respirar esa sensación de paz y tranquilidad que sólo el bosque puede brindar. El aroma a pino y madera, una pequeña calle de empedrado y un letrero tallado en madera nos daban la bienvenida a un lugar que prometía convertirse en un destino para no olvidar.

Nos alojamos en Balcones de La Cumbrecita, una serie de suites ubicadas en lo más alto de La Cumbrecita que permitían disfrutar de una vista panorámica desde la habitación, con máxima privacidad y todas las comodidades de un hotel de primer nivel. Allí, Leila y Carlos, los anfitriones de lugar reciben a los huéspedes de manera muy cálida para que todos se sientan como en casa durante su estadía. Al llegar te explican como es el funcionamiento de todo el lugar, una comuna muy consciente por el cuidado del ambiente que no permite a los visitantes circular en vehículos por sus pequeñas calles y paseos. Sin embargo, su pequeño tamaño y la energía del lugar invitan a todos recorrer a pie sus rincones, conocer sus bares y restaurantes y admirar la naturaleza de lugar.

Puedo recomendarles el restaurant La Rocka, que cuenta con deliciosos platos especiales, como variedades de trucha, pastas y carnes de ciervo acompañadas de la mejor cerveza artesanal de la zona. Además, los comensales pueden disfrutar de un show musical en vivo para animar un poco la tranquila noche serrana.


Una aventura en dos días

Día Uno: Tras una excelente noche de descanso que permitía desconectarse de la vida cotidiana, comenzaba un día a pleno sol con excelentes temperaturas para la época del año. Decidimos hacer el recorrido clásico de La Cumbrecita (Ver mapa aquí), atravesando el puente que cruza el río y caminando por sus estrechas calles rodeadas de bares y hoteles construidas en madera al más puro estilo austríaco. Seguimos camino por el sendero izquierdo de la primera bifurcación, pasando por la Plaza de Ajedrez, La Fuente hasta llegar a la pequeña Capilla Ecumélica, clásica postal del lugar. A continuación seguimos camino por el bosque hasta salirnos del sendero delimitado para caminar entre piedras, árboles y desniéveles y arriba a la Cascada Grande. Una pequeño paraíso, rodeado de montañas rocosas, pinos y arboles repletos de flores. La cascada cuenta con una pequeña olla de agua que la convierte en una tentación para un chapuzón, particularmente tras caminar unos 20 minutos por un camino muy sinuoso. Sin embargo, teniendo en cuenta la temperatura de la época de año, creo que quedará para otra oportunidad aunque no dejó de ser un lugar ideal para sentarse a admirar la belleza natural y disfrutar de unos buenos mates.

De regreso hacia el pueblo, una vez entrada la tarde nos detuvimos a degustar una picada con los mejores quesos y fiambres acompañada de una buena cerveza admirando el río que atraviesa el pequeño pueblo. Cabe destacar que antes de llegar consideraba que todos los servicios iban a tener un precio muy elevado, debido al nivel del lugar y su fama de exclusivo. Para mi sorpresa fue todo lo contrario, ya que los precios podían ser un poco más elevados pero uno podía disfrutar de abundantes platos y de excelente calidad.

Tras disfrutar de una día de mucho sol y buen clima estábamos listos para volver descansar y disfrutar de la tranquilidad desde la habitación, para enfrentar los que sería un día de mucha aventura.

Día Dos: Nos levantamos temprano para dirigirnos a una de las atracciones más populares de las sierras cordobesas, Peñón del Águila. El complejo de turismo aventura cuenta con numerosas atracciones entre las que se destacan el senderismo, en donde los visitantes pueden recorrer un camino que atraviesa ríos cascadas, riscos y bosque; palestra, en una pared artificial que permite experimentar la sensación de escalar en distintos niveles de dificultad; rappel, un descenso con sogas por el medio de una cascada y tal vez la más entretenida de todas las actividades, la tirolesa que cuenta con el mítico “vuelo del águila”: un recorrido de 500 mts por sobre el cauce del río. Con precios accesibles que permiten compran paquetes a medidas es recomendable que todo aquel que se acerque al complejo lleve a cabo al menos una de estas aventuras.

Para aquellos que prefieren disfrutar del paisaje y la tranquilidad del lugar, pueden observar a los demás aventureros desde las diferentes pasarelas de madera o simplemente tomar algo en el bar de lugar con una panorámica asombrosa. También existe la posibilidad de hospedarse en el lugar, las tarifas están disponibles en el sitio web de Peñón del Águila.

Tras un fin de semana de intensas actividades pero también de inmejorables momentos de relax, emprendimos la vuelta hacia la ciudad capital felices de habernos refugiados en el oasis de las sierras de Córdoba, La Cumbrecita.

sábado, 6 de agosto de 2011

La experiencia de pasar por Montañita

Tal como lo describe el título de este artículo el reconocido "surf spot" ubicado al sur de Ecuador, a un par de horas de Guayaquil, no es sólo un simple lugar de playa. Desde mi vivencia, Montañita puede describirse como una experiencia más que cómo un lugar en el mundo: playas paradisíacas, olas perfectas, visitantes de los lugares más recónditos del planeta, lugareños, excelente comida de mar, buena vida nocturna y por sobre todas las cosas una “vibra” fantástica donde perdés noción del tiempo.

Hace unos años, allá por 2005, emprendí un viaje de mochilero para conocer parte de este continente lleno de historia y de gran diversidad cultural, pasando por Chile, Perú y arribando a nuestro destino final, Ecuador.

Habíamos escuchado hablar de Montañita, a la que describían como una playa de surf que sólo prometía alegría, buenos momentos y muchas historias para contar. Nuestra corta experiencia nos hacía pensar: “¿Pero cuan diferente puede ser a cualquier otro lugar de playa que ya hayamos conocido?”. Fue así como a mediados de enero de aquel año, tras muchas horas de viaje procedentes desde Chiclayo, Perú, arribamos al tan ansiado destino.

Cabe mencionar nuestro breve paso por Guayaquil, la ciudad más calurosa del planeta tal como describiera Mano Negra en su tema “Guayaquil City”, que nos causó una primera mala impresión de un país que luego cambiaría para siempre nuestras vidas (Más adelante les acercaré un artículo de mi viaje por Ecuador).

En la famosa Ruta del Sol, nuestro bus se detuvo a la altura de Santa Helena y desde ahí viajamos algunos kilómetros en la cómoda caja de una camioneta Ford. Apenas llegamos a Montañita, nos dimos cuenta de que en ese lugar todo iba a ser diferente. Caminar por sus calles repletas de artesanos, con aquel atrapasueños gigante que cruzaba de punta a punta la calle principal, y ver a toda esa gente en los bares del centro del pueblo tomando una cerveza Pilsener y saludando a cada uno de los que recién llegábamos, fue una bienvenida más que satisfactoria.

Nuestra estadía transcurrió en un Hostel que lo tenía todo, al mismo tiempo que muy poco. Resto del Mundo por aquel entonces te ofrecía alojamiento con vista al mar, una brisa que alejaba a los mosquitos “talibanes” que rondan la zona y la libertad de hacer lo que se te antoje, siempre y cuando no molestes a los demás, por la módica suma de U$S 3. A cambio, tenias que dormir en una pieza compartida con casi 20 colchones a nivel del suelo, cubiertos por una antigua red mosquitera (con muchas orificios de entrada para aquellos insectos habitúes del establecimiento) y un cofre al más puro estilo pirata para que reposen tus compañeros de viaje: la mochila, documentos y el efectivo.

Fueron doce días de vivir de un parate en un viaje agotador, donde aprendimos a surfear o al menos lo intentamos, donde hicimos amigos de todo el mundo y que por la falta de popularidad de Facebook hoy ya no recuerdo sus nombres. Pero en fin, fogones y fiestas en la playa, unos pocos bares y un destino cuya magia la constituían los atardeceres, las olas y su gente.

La vuelta menos esperada

Hace algunos meses sumergido en la burbuja de la oficina y ya casi terminando el verano me di cuenta de que necesitaba unas vacaciones, sin embargo todavía había que superar algunos obstáculos. El primero coordinar con mis tareas para que pudiera desenchufarme por algunas semanas; el segundo elegir un destino que tuviera sol y arena, que permitiera descansar, alejado de la vida del Resort “all inclusive”, económico y lo suficientemente atractivo como para convencer a algún compañero de viaje dispuesto a salir de vacaciones en marzo.

Tras la decepción de ver que una visita a Río de Janeiro se tornaba imposible por ser “carnaval”, a donde sólo un jeque árabe podría asistir debido a los elevados precios de todo, el portal www.despegar.com me ofreció algunas alternativas entre ellas Guayaquil. Tras analizar otras opciones y mis ahorros la decisión estaba tomada: MONTAÑITA RELOADED 2011.

Para ser sincero, tenía muy pocas expectativas por los comentarios que me habían llegado. El lugar había crecido mucho en estructura, por ende había perdido esa tranquilidad que lo caracterizaba. Además, se había popularizado entre los viajeros procedentes de mi ciudad, Córdoba, y no era precisamente mi idea de unas vacaciones diferentes la de escuchar nuestra tonada durante tres semanas.

Arribamos al aeropuerto de Guayaquil por la noche y nos quedaba averiguar de qué manera íbamos a viajar hasta Montañita en plena noche de carnaval donde los guayaquileños migran, como aves en invierno, hacia las playas más populares de la región. Tras recolectar un grupo de compatriotas que se encontraban en la misma situación viajamos en un minibús hacia destino. No puedo dejar de mencionar un leve incidente cuando el chofer de nuestra nave viró a la derecha antes de subir a la autovía, ingresando a uno de los barrios que en principio se presentaba como el más peligroso que había transitado en mi corta vida. Por suerte, sólo se dirigió a buscar a un acompañante para que el camino de vuelta sea más entretenido y así evitar quedarse dormido.

Tras un par de horas en ruta vimos el mar, y algunos minutos después arribábamos a un Montañita que ya no era lo mismo, según mis recuerdos. Caos, música demasiado fuerte, enjambres de personas que gritaban y se arrojaban mutuamente espuma loca de carnaval, playas abarrotadas de botellas y gente en estado calamitoso que de a poco iba a intimidando a los recién llegados. Finalmente y tras la odisea llegamos, a las 1:00 am, a la paz de Kundalini, el hostel que habíamos reservado vía web. Con un staff muy amable hicimos el check in, dejamos los bolsos y encaramos nuevamente hacia esa jungla que habíamos atravesado.

Con el correr de las horas y los días de carnaval nos fuimos acostumbrando a este ritmo frenético. Por suerte ya habíamos conocido a muchos amigos en el corto trayecto y en las angostas calles nos los cruzábamos degustando tragos y cervezas, tratando de entrar en ese clima festivo.

Tras superar la primera noche nos levantamos y dirigimos hacia esas míticas playas surfistas, y ahí una nueva decepción. Miles de personas, mucha basura y un sol que penetraba nuestras blancas pieles, sin vacaciones hasta aquel día. Nos dirigimos hasta “la punta” en busca de ese espacio y paz tan ansiados, y por suerte lo encontramos. Con reggae de fondo, bares con sillones creados para vivir un momento "chill out".

Los días fueron pasando y cada día nos sentíamos más locales. Imposible olvidar esas cenas en la calle principal, en restaurants como Tiki Limbo, acompañados por los tambores y shows se artesanos de diferentes latitudes del planeta. O aquellos exquisitos mariscos a la parilla en el mejor restaurant del lugar, Don Carbón, frente al mar donde podés degustar los mejores sabores con el exquisito toque que la agregan las brasas. Tras la cena una vuelta por la calle de los tragos, una cuadra entera que cuenta con pequeñas barras de tragos que tienen el propio toque mágico de cada barman. El elegido fue el gran Eugenio o como él se hacía llamar “UnGenio”.



A continuación les haré una especie de agenda para vivir una semana de fiesta en montañita:

Lunes: Fiesta Reggae en “La Punta”. Fogón sobre la playa, malabares con fuego buena música y cerveza a temperatura ambiente.

Martes: Tal vez la noche más tranquila de la semana. Podés dar una vuelta por las calle de los tragos, degustar un buen coctel, comprar alguna cerveza y dirigirte a la playa donde muchos grupos de amigos se encuentran disfrutando del reflejo de la luz de la luna sobre el mar.

Miércoles: Caña Grill, una de las discos más playeras de Montañita. Música, cerveza y cuba libre para bailar descalzo sobre la arena. Bandas en vivo a partir de las 23 hs.

Jueves: Hola Ola (el mejor recinto nocturno de Montañita), presenta “Lady´s Nite”. Por US$ 6 los hombres y 3 las mujeres, disfrutá de la barra libre de 22 a 00 hs. Excelente música, DJ´s invitados, shows en vivo y la inigualable pileta al lado de la pista para aquellos a los que los supera el calor de la noche.

Viernes: Noche fuerte en Montañita. Caña Grill, los bares de la calle principal y Nativa Bambú abren sus puertas a todos los residentes y visitantes de la gran ciudad que llegan para relajarse en su fin de semana.

Sábado: Vuelve el Hola Ola con todo, barra libre de 22 a 00hs y podés acercarte a degustar los platos de una carta con muchas opciones para disfrutar.

Domingo: Noche tranquila tras un fin de semana de playa, sol y fiesta.

Más allá de este cronograma, no todo se vive de noche en Montañita. Hay excelentes lugares para disfrutar, tanto en el pueblo como en sus alrededores. Montañita cuenta con una extensa playa con excelentes olas para su principal atracción: el Surfing. Pero no tenés que ser experto, podés acercarte a las diferentes escuelas que cuenta con instructores de gran conocimiento que se deslizan sobre esas olas desde muy pequeños.



Además, si te cansas de la arena podés optar por algo diferente y subir a la montaña ubicada del otro lado de la ruta para disfrutar de la aventura del Canopy. Un complejo de aventura que cuenta con un trazado de más de 650 mts. de tirolesa para deslizarse a través de una selva tropical y disfrutar de las maravillas que esta esconde.

Otras de las actividades que no podés dejar de experimentar son la visita al Parque Nacional Los Frailes, una reserva que alberga playas paradisiacas vinculadas por senderos, con agua cristalina, plantas y animales exóticos, que te permitirán sentir que estas disfrutando de unas vacaciones bien diferentes. Podés tomar un bus rumbo a Puerto López desde Montañita y allí negociar con los chicos que manejan las mototaxis, que llevan hasta tres personas en su cabina, para que te lleven hasta el interior del parque y te busquen a la hora de cierre del lugar, 17 hs.

Un paseo, un poco más elaborado, es visitar la Isla del Plata, que sería una opción para aquellos que se quedaron con ganas de visitar Galápagos (tampoco se ilusionen, ya que no es lo mismo). Aves muy particulares, una caminata de más de 2 hs. y la posibilidad de hacer snorkel desde la lancha que te lleva al lugar.

Un Tsunami de anécdotas

Estuve dudando si incluir este apartado o no. Fue uno de los momentos más feos que me tocó pasar y tal vez opacaba un poco la nota. Hoy me rio de la situación pero no se la recomiendo a nadie y menos a tantos kilómetros de casa y en lugar adonde la improvisación lo es todo. Lamentablemente durante nuestra estadía nos golpeó la noticia del Tsunami ocurrido en Japón y automáticamente el alerta de desastre para esta otra parte del mundo. En medio de la noche y tras el aviso de unos chicos ecuatorianos nos enteramos de que había una alerta de tsunami para toda la costa del pacífico y que llegaría en aproximadamente 10 hs. Reacciones inesperadas si las hay, despertando a todos lo que conocíamos, saliendo a la ruta, preguntando a la policía, a los vecinos, donde ir que hacer. Como en toda situación crítica, todos tienen su verdad por lo que la confusión era lo que imperaba. Finalmente tomamos la decisión menos acertada con un grupo de 40 personas, subimos a través de un camino totalmente oscuro a las 4 am hacia la cima de la colina más cercana y desde allí esperar LA OLA. Tras idas y vueltas, discusiones e incertidumbre amaneció. Ahí nuestra vista e ideas se aclararon, y tras escuchar un megáfono al más puro estilo Bosnia Herezgovina decidimos bajar al pueblo. Allí nos encontramos con el éxodo de toda la población, o hacia Santa Helena (la supuesta zona dispuesta para evacuación) o hacia Guayaquil. Ni lo pensamos, había que irse lo más lejos posible y el lugar desde donde partiríamos hacia la sierra ecuatroiana era Guayaquil. Allí llegamos y se respiraba un ambiente más tranquilo, en pocos minutos nos subimos a un bus que nos llevo directo a la ciudad de Cuenca (2500 mts de altura y 500 km tierra adentro). Como dice el refrán, “Soldado que huye, sirve para otra guerra”

Me gustaría cerrar este artículo con la siguiente con una reflexión. Fuera de las cientos de actividades que tenés para ocupar tus días, lo más importante es cómo te sentís en el lugar. Tras casi 20 días de “vivir” en Montañita te vas transformando en un habitante más. Hacés amigos, conoces a los locales, te encargas de darle la bienvenida a quienes recién arriban, disfrutás del sol, te aprendes esos temas que escuchas todos los días y que cuando llegabas ni entendías, sonreís todo el tiempo, no tenés problemas ni preocupaciones, empezás a acumular cientos de historias y recuerdos que te acompañarán para siempre y cuando llega el último día sentís esa nostalgia de abandonar un lugar que sentís como propio. Esa es la magia del lugar, esa es la experiencia de pasar por Montañita…

domingo, 2 de enero de 2011

Mochileros, casi turistas

* Por Ivana Viano
Un día se te viene la idea, viste una foto, lo leíste, te contaron. No te acordás bien. Te obsesionás, te das cuenta que sólo pensás en eso. Se vuelve tu meta, tu objetivo. Ya todo empieza a ser menos pesado, se va acercando el momento.

Y ahí estás, buscando y buscando, te leés todas las páginas y blogs, buscás en mapas o en libros viejos, y vas delineando tu ruta. Esa que quizás tiene algo de la de los otros, pero es más tuya. Tiene tu sello, tanto como si los lugares hubieran sido hechos para que vos los recorrieras. Imaginás y te vas viendo en cada foto sacada por alguien, que a lo mejor ni conoces, estas ahí. Ahora, todos tus sentidos están puestos en eso, tu viaje, tu destino, tu camino.

¿Por qué es tan lindo viajar? ¿Será que en ese proceso previo, a cada lugar lo vas haciendo tuyo? ¿Será que uno quiere escapar de algo? ¿O simplemente es el placer de llegar a dónde uno quería estar? ¿Será una necesidad de estar lejos de lo “propio” para apreciarlo más? ¿O es el deseo reprimido de estar más cerca de uno mismo? Esa sensación de querer pero temerlo, el miedo a eso que verdaderamente somos, que nadie conoce, ni nosotros mismos.

Empezás a hacer números, ¿Llegaré? ¿Me alcanzará? ¿Pasaré hambre? ¿Llevaré demás? Las preguntas son más que las respuestas. Siempre. Arriesgar y decidir, dos palabras que de ahora en más se repetirán incansablemente. Cada decisión tendrá indefectiblemente su consecuencia. Y a diferencia de lo que estás acostumbrado, éstas a veces son únicas. Quizás allí esté la magia.

Y así, esa ruta, ese camino imaginario, se va haciendo real. Y se tiñe de sensaciones, sentimientos, sabores, olores, colores, irrepetibles. El frío es distinto al que estas acostumbrado, el sol quema de otra manera, los afectos se hacen más intensos, el hambre es hambre en serio, tu mochila es lo único que tenés.

Más de una vez, aunque no quieras pensás en lo que dejaste atrás. Esos días lejos de casa parecen años, sentís la necesidad de abrazar a esas personas de todos los días, las que muchas veces das por sentado. Y conocés lugares ideales, casi perfectos, imaginás a todas las personas que te gustaría que estuvieran ahí con vos. Y estás solo, te ves solo, memorizas cada detalle, para que no se te olvide jamás, para después contarles a todos ellos lo casi perfecto de ese lugar. Y quizás lo mágico y paradójico sea eso, estar en el lugar más hermoso, y encontrarte sólo.

Conocés a quienes están en la misma que vos, conocés a quienes crees conocer, de una manera única. No reaccionás de la misma manera, y lo que esperas que otros hagan, no sale. No funciona así. Todo se multiplica y se experimenta el doble. Valorás un consejo, una voz lejana, un mensaje como nunca antes. Entendés que a pesar de todo, y aunque dudes y te parezca raro, existe la honestidad, el dar sin pedir nada a cambio y te indignás cuando ves la miseria, el hambre, la pobreza, en tu prójimo, en el que va sentado al lado tuyo. En tu hermano, en alguien casi igual a vos. Y te preguntas qué es la justicia, quién es el que decide, quién es el que determina, quién es el que permite la angustia, el sufrimiento y ¿por qué?.

Y así cuando menos te lo imaginás, el sueño se acabó, tenés tu pasaje de vuelta. Se termina eso que imaginaste por tanto tiempo. Te sentís distinto, te mirás al espejo y sos otro, maduro, independiente y algo orgulloso. Lo lograste, lo logramos. Querés volver, y no. Algo de vos te tira a seguir viajando y también necesitás de lo tuyo, lo diario, lo cotidiano. Eso de lo cual te quejaste tanto, sí, eso.

Empezás a reconocer tus lugares, y el corazón late, al ver las sierras, enormes y tan tuyas. Entrás a la ciudad, y sí, es tuya, con su ruido, con su humo, con todo. Pero es tu casa. Llegás, abrazás a tus seres queridos, mirás tu cama, tu baño. Bajás y les mostrás las fotos y comenzás a hablar. Y no hay nadie que pueda pararte.

A los días, te das cuenta que aquello de lo cual quisiste escapar, sigue igual, ahí. Que todo lo que dejaste sigue intacto, inmóvil. Que las fotos son fotos y parecen vacías. No se comparan con esos lugares casi perfectos con los cuales te deleitaste. Que las anécdotas y las experiencias suenan aburridas, y no tienen esas sensaciones, colores y sabores únicos. Quedaron allá, en la ruta, tu ruta, ahora de los recuerdos. Que vos cambiaste para siempre, lo demás sigue ahí. Inmutable.